Enrolla toallas como cilindros y colócalas visibles, listas para usar. Un albornoz suave en un gancho de madera cambia el ánimo al instante. En una bandeja pequeña, agrupa jabón artesano, cepillos, sales y una nota para invitados. Ese gesto convierte cualquier baño en refugio amable y recordable.
Cambia el rociador por uno de lluvia con buen caudal y añade un filtro que suavice el agua. Coloca una banqueta de teca para apoyar velas o un té. Si tienes bañera, atenúa luces y usa música ambiental; diez minutos bastan para que el cuerpo respire distinto.
Un espejo con antivaho y luz lateral a 3000K favorece el rostro sin deslumbrar. Integra enchufes ocultos para secador y recargadores, manteniendo superficies despejadas. Cestas etiquetadas, repisas estrechas y ganchos dobles sostienen el orden. Así, cada mañana empieza sin sobresaltos y cada noche termina ligera y hermosa.
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